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  Con una abyecta sonrisa sardónica, dispusiste el gélido filo metálico en mi yugular trepidante. Cavilaste, ominoso y creativo, en las torturas y vejaciones que procurarías a esta insignificante mendruga que divagaba hambrienta por tus territorios en busca de pan. Mis

La noche lluviosa acumula la avidez, el beso acecha la cordura. Tú, pensativo, ella, incitadora, él, sigiloso, yo, nerviosa. La noche lluviosa provoca el perfume del deseo, el beso acerca los cuerpos. Tú, rechazado, ella, furiosa él, saciado yo, confundida. La noche lluviosa resuelta a calmarse, el beso jura frecuentarse. Tú besas los labios del cielo, ella saborea los de un